Los escribiste tú
¿A un hombre por qué motivo sirve el intelecto?
Cobarde airoso, siempre jugador tramposo,
abnegado y aún tercamente caprichoso,
lo impide entregarse en el momento por completo.
Puede creerse Mishima—porque sé su efecto—
que suficiente hizo bien cuando reemplazó
la mente farsante por el acero y el sol,
sólo porque nunca conoció tu afecto.
Verte una vez a cada «hubiera» y «habría» desapareció,
algo nuevo tras haber rogado que termine
la angustia que a mi corazón causó temblor.
Justo es que seas mejor poeta que yo,
si no te basta con hacer que mi vida rime
gustas versarla en algo llamado amor.
10/06/2026
